lunes, noviembre 30

2012 o la paranoia final

Día de secuestro en Mauritania. 3 cooperantes catalanes han sido secuestrados en una de las carreteras más concurridas del país, en el momento en que estaban escuchando el Barça/Madrid por la radio. El secuestro ha sido rápido, ni siquiera se llevaron el metálico de la furgoneta. Dicen que estaba bien preparado, seguro que se pueden comprobar los datos. Especulan que Al Qaeda puede estar detrás, aunque también que sean grupos independientes en busca de recompensa. Todavía no se han pronunciado. A penas una semana después de que los marineros del Alakrana fueran liberados tras un mes retenidos, el Gobierno se enfrenta a otra negociación delicada.

Parece que cada vez la cooperación se está haciendo más difícil. Ser occidental en países subdesarrollados es ya una decisión de mártir. Los gobiernos occidentales ya no pueden garantizar la seguridad, ni siquiera con las ayudas que envían. A pesar de tener buenos tratos con los gobiernos locales, el hombre blanco está enfrentado a la ley de la justicia que impera en el extraradio mundial. Y la justicia, fuera de la burbuja consumista, ha dejado de existir. Las relaciones diplomáticas son ya una cortina de humo establecida. Los viajes oficiales, los apretones de manos o las firmas de tratados han pasado a ser el paquete mediático para dar la imagen de seguridad mientras estamos cenando. Y a unas horas del secuestro estamos aquí sentados, esperando a ver que contrabandistas, terroristas o desesperados nos digan quienes son o qué quieren. Como si estuvieran esperando un pacto.

Hace ya mucho que el tercer mundo se ha tomado la justicia por su mano y nuestras sociedades se quedan mirándolo. Hace mucho más que el tercer mundo debería haberlo hecho. Ahora sin embargo, no sólo tienen la pobreza, la explotación, las enfermedades o la desesperación como argumento. Ahora además tienen el fantasma de la "guerra contra el terrorismo", que de momento ya ha generado dos guerras interminables y ha destruido todo país del que ha "sospechado". Si la guerra fría enfrentó dos sistemas políticos, la nueva generación de estado del terror es la declaración de pobres contra ricos.

Prepotencia frente a desgracia, la crueldad que todos conocemos. Pero esta vez la excusa de la colonización, la relación que se ha empeñado en mantener occidente con toda región alejada del progreso, lleva demasiado tiempo con el plumero expuesto. Tiempo de injusticias e incomprensión, tiempo en que el hombre blanco ha dejado más destrucción y desgracia de la que decía venir a arreglar. Quizás es que en 3er mundo haya recabado demasiados datos para creerse la bondad que reflejaba nuestros trajes, bienes e imágenes que les hacemos desear por la tele. Quizá es que hayan descubierto que el hombre blanco no sólo era igual que ellos, sino que podía ser peor.

Y ahora mira tú por dónde la dinámica histórica y social sigue su rumbo, y llegan unos cooperantes, de los pocos resquicios generosos que le quedan a la sociedad del bienestar, y son los que pagan las actitudes de explotación que el devenir ha mostrado. Y si el hombre blanco es malo, yo que no tengo para comer, lo soy tres veces más. Y lo están demostrando. Como viene siendo hábito del blog, la conclusión es pesimista. No barras los polvos sin haber antes limpiado los lodos. Todo se enquista y cuando tiene la oportunidad paga cuentas. A lo mejor la culpa es la naturaleza, quien quizá acabe actuando igual y a pesar de todas nuestras guerras, nos barra porque ya no se sostenga (de soportar y de sostenibilidad).

Que ahora pacten, envíen reconocimiento aéreo, sobornen o paguen será otro de los parches que nos van a ayudar a mantener la imagen que nos queremos creer. Y seguramente la solución, oh! por fin una, sea que les acompañen dispositivos militares y potenciemos las fuerzas armadas para "defendernos" de las reacciones que sólo podemos provocar. Y quizá no, y quizá antes del cambio climático la carrera sea nuclear, y cuando se hagan con la tecnología de mercado que no nos queda más remedio que perpetuar, Bin Laden sea la que la haga explotar.

viernes, octubre 23

sin tiempo

Que ya no quiera hablar, o me he quedado sin palabras. O quizá ya no tenga nada que decir, o es que lo que diga tampoco llevará a ningun lado.

Que cada día espere una respuesta, algún momento que sepa que he avanzado. Pero quién, quizá, porque el cómo y el dónde son del pasado.

¿Y si lo digo yo? Qué más da, si mañana te quitarás las ideas de la cabeza. Porque ya no sirvan, o porque sólo te ayudaron a volver a joderla.

Que tranquilo debe ser ser uno mismo. Que lo que piensas sea lo que hagas. Que lo que sientas sea lo que necesites, o te haga feliz. Que la mitad de tus pasos no sean movimientos en falso.

Aunque si se lo preguntan ¿es porque tampoco lo pensaron antes de saberlo?

domingo, septiembre 13

nuevo inicio: a la mierda

Mi última entrada fue hace un año, y todavía me parece increíble que me acuerde de la contraseña. Bien, ahora entro con otro ánimo. Espero poder actualizar, mejorar, pero sobretodo, escribir más. Espero entrar ya de una vez en la era digital, ya que la real parece haber agotado cartuchos.

Siempre con el mismo ánimo de no dejar títere con cabeza, espero que lo mío no sean noticias, sean sobre todo ágiles comentarios sobre lo que no debió ser y es lo mejor que hay. Ya se sabe, este es el estado liminal a explotar, así que no queda más remedio que ser responsables de ello.

Desde aquí me quito el sombrero y les digo: a la mierda señores. Sean bienvenidos.

jueves, septiembre 11

Estas ideas o estas sensaciones o estos desvaríos, por otra parte, tenían su lado satisfactorio. Convertía en dolor de los otros en memoria de uno. Convertía el dolor, que es largo y natural y que siempre vence, en memoria particular, que es humana y breve y que siempre se escabulle. Convertía un relato bárbaro de injusticias y abusos, un ulular incoherente sin principio ni fin, en una historia bien estructurda en donde siempre cabía la posibilidad de suicidarse. Convertía la fuga en libertad, incluso si la libertad sólo servía para seguir huyendo. Convertía el caos en orden, aunque fuera al precio de lo que comúnmente se conoce como cordura.

Roberto Bolaño, 2666