viernes, octubre 23

sin tiempo

Que ya no quiera hablar, o me he quedado sin palabras. O quizá ya no tenga nada que decir o es que lo que diga tampoco llevará a ningun lado.

Que cada día espere una respuesta, algún momento que sepa que he avanzado. Pero quién, quizá, porque el cómo y el dónde son tan lejanos.

¿Y si lo digo yo? Qué más da, si mañana te quitarás las ideas de la cabeza. Porque ya no sirvan, o porque sólo te ayudaron a volver a joderla.

Que tranquilo debe ser ser uno mismo. Que lo que piensas sea lo que hagas. Que lo que sientas sea lo que necesites, o te haga feliz. Que la mitad de tus pasos no sean movimientos en falso.

Aunque si se lo preguntan es porque tampoco lo pensaron antes de acertarlo.

domingo, septiembre 13

nuevo inicio: a la mierda

Mi última entrada fue hace un año, y todavía me parece increíble que me acuerde de la contraseña. Bien, ahora entro con otro ánimo. Espero poder actualizar, mejorar, pero sobretodo, escribir más. Espero entrar ya de una vez en la era digital, ya que la real parece haber agotado cartuchos.

Siempre con el mismo ánimo de no dejar títere con cabeza, espero que lo mío no sean noticias, sean sobre todo ágiles comentarios sobre lo que no debió ser y es lo mejor que hay. Ya se sabe, este es el estado liminal a explotar, así que no queda más remedio que ser responsables de ello.

Desde aquí me quito el sombrero y les digo: a la mierda señores. Sean bienvenidos.

jueves, septiembre 11

Estas ideas o estas sensaciones o estos desvaríos, por otra parte, tenían su lado satisfactorio. Convertía en dolor de los otros en memoria de uno. Convertía el dolor, que es largo y natural y que siempre vence, en memoria particular, que es humana y breve y que siempre se escabulle. Convertía un relato bárbaro de injusticias y abusos, un ulular incoherente sin principio ni fin, en una historia bien estructurda en donde siempre cabía la posibilidad de suicidarse. Convertía la fuga en libertad, incluso si la libertad sólo servía para seguir huyendo. Convertía el caos en orden, aunque fuera al precio de lo que comúnmente se conoce como cordura.

Roberto Bolaño, 2666

domingo, junio 15

No hay final

La enésima vez que ETA vuelve a hacer lo mismo y todavía existe una especie de impunidad social sobre los atentados. Creo que dentro de la sociedad vasca hay ya un cansancio o una aceptación implícita de lo que ya no se puede cambiar. No creo que haya ningún político actual que tenga claro el camino a seguir. Ni siquiera tengo a impresión de que ya vean a ETA como su principal problema, como si hubieran asumido que forma parte de su vida.

Pero es un bucle que nunca nos deja en paz, como un virus que si no lo matas con una buena inyección ahí se queda. Y quizá eso es lo que ahora necesita el País Vasco, un chute de fuerzas para frenar de pleno la violencia. Lo peor es que eso necesita de una unidad que hasta ahora siempre se ha resquebrajado. Y sobre todo se necesita tener muy claro que si ETA no se elimina de una vez no es posible seguir para ningún lado.

Pero pasa siempre, cuando uno que se decide el otro se va por los cerros de úbeda. Yo no sé lo que pasaría en el País Vasco, pero seguro que si se hace un referendum en España saldría el país independiente y la calle tranquila. Pero eso ahora no viene al caso. Si la última vez fue el PP quién fastidió cualquier esperanza, ahora parece que sea el PNV quien no vea que este tema va por delante de cualquier negocio. Pero como no matan a los de su partido...

Lo peor de todo es que todos los implicados tienen ya la sangre contaminada. Incluso yo, que no tengo nada que ver, parece que lo que quiera es caldear el ambiente. Y ante el terrorismo no hay discusión, debate ni golpes de retórica afinados. Lo único que se puede hacer es cerrarse de banda y quedarse callados. Porque el silencio es la única forma de marginar la acción violenta.